Antonio
- eugeniadunkler
- 11 ene 2021
- 2 min de lectura
-¿Cuál es su nombre?
-Antonio.
-¿Antonio?, medio de viejo, usted va a nacer en el 2021
-An-to-nio.
-Muy bien, Antonio ¡Qué carácter, che! Déjeme revisar su historia clínica. Aguarde un segundo que la conexión anda muy lenta estos días…A ver, Antonio, acá está…pero, ¿cómo? Acá dice el sistema que lo hemos notificado varias veces. -Sí, señor, pero es que…
-¿Acaso usted no vive en la nube 345, a la vuelta de don Mario? Tres veces le hemos enviado avisos y usted, nada…
- Sí, lo sé. Ví tutoriales, esos folletitos que dejan debajo de la puerta y fui a lo de mi asesora, pero igual… es que le tengo miedo a las langostas. No sé, ya lo hablé con todos. Ya sé qué van a decir, que es un miedo irracional, que yo debería ser más elevado, que la plaga ya pasó y bla. ¡Pero le tengo miedo a las langostas! Y allá abajo está lleno de ellas, con esas patas y antenas…puaj.
-Mire jovencito, usted no puede manejar los tiempos como a usted se le plazca. Acá estamos trabajando día y noche. Con Raquel no damos abasto atendiendo los pedidos de los humanos. Todo para ya, es más ¡para ayer! Pedidos, cadenas de oraciones, promesas ¡promesas!…¿qué me puede importar a mí que dejen de comer chocolate?... en fin, somos un equipo, ¿me entiende?
- Bueno, pero los tiempos de Dios son…
-Son de Dios, mijito, no de usted. Bueno, siéntese que esto va a llevar un tiempo. Renato, querido, ¿le podes traer una limonada al nene?
-Me gustaría más un jugo de naranja.
-¡Que dice jugo de naranja!¡Gracias querido!
-Mmmm-desliza el guardia- me imagino que estás al tanto que allá abajo están en plena pandemia-enfatiza mientras sus ojos miran fijo a la joven alma. Más ruidos de teclas, el viejo guardia estaba como perdido en su computadora tapada de archivos y libros.
-Sí- susurra un Antonio u

n poco inhibido- pensé que el servicio no se detendría por esas condiciones terrenales.
-No, pequeño, pues no. ¿Tenés tu mochila?, ¿llevas tu mapa? -Sí, es nueva y todo. La hice hace un tiempo ya- afirma mientras se le dibuja una sonrisa en la cara.
-Perfecto. Acordate, Antonio, uno de nosotros siempre te estará acompañando. Lo único que tenés que hacer es chiflar y…
-Sí, sí, lo estudié.
-Bueno, ponete el cinturón, agarrate fuerte y ¡buen viaje Antonito!
En ese mismo momento, en un lugar de la Tierra donde hay más flores que autos, suena el teléfono en la casa de Lorena. Por fin recibió el llamado que esperaba.




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