Eugenia
- eugeniadunkler
- 11 ene 2021
- 4 min de lectura

-Cerrá la puerta cuando entres, hay mucho ruido mental- dice la señora de pelo rosa.
El joven que rondaba los 35 años entró tímidamente a la sala. La habitación era estilo minimalista y con tubos fluorescentes que emitían luz intermitente. “¡Qué cinematográfico!”, pensó. En el medio, y con mayor protagonismo, una rueda de personas sentadas en sillas como, efectivamente se trataba, una reunión de consorcio. -Pero tampoco es de consorcio, para ser precisos- le contestó la misma señora, mirándolo por encima de sus anteojos para leer. - Buenas noches, querido, soy Elena-Desprendía humo como una chimenea, fumaba desde joven según contaba. Todo en ella era dualidad: tenía una hermosa cara angelical mientras que su vocabulario estaba plagado de insultos y de groserías. Tenía muy poca paciencia pero era dueña de un humor negro que todos respetaban, tal vez por eso era quien guiaba el encuentro.- No puedo leer todos tus pensamientos, hijo, solo los que tienen que ver con los cuentos, sentate acá- señalando el asiento a la izquierda de ella.
Estaban ahí Antonio, Sofia, Betiana, Alfredo, Marcos, Elena, el Pipita Higuaín y Batman.
En el círculo participaban un niño de 6 años, Antonio, con sus enormes ojos marrones y peinado estilo tanguero, es decir, con gomina, bien estirado y para atrás. “¡Mirá qué lindo!, ¡lengüetazo de vaca!” , le dijo la veinteañera situada al frente. Antonio solo miraba. Prefería hacer silencio antes que hablar a oídos necios. La jovencita era Sofía y le sobraba actitud arrogante. Desafiaba a todo y a todos, "típico de su edad", pensaba siempre Elena. En el otro extremo, una mujer de cuarenta años llamada Betina miraba el reloj como el conejo de "Alicia en el país de las maravillas". Vestía un uniforme de cajera de supermercado y detestaba esas pláticas de pérdida de tiempo, siempre estaba apurada. -¿Ese es el Pipita Higuaín?- susurra Alfredo, el informático, a Elena-¿Qué hace acá? -Eugenia quiere escribir un cuento sobre fútbol, entonces… -Ahh, pensé que no le gustaba el fútbol.
-No le gusta y no lo entiende- interrumpió Elena luego de una bocanada de humo. Sus ojos violetas vuelven a apuntar a Alfredo- Está claro que no será un análisis de Pagani o Macaya Marquez ni menos Fontanarrosa, vaya a saber qué diablos quiere contar o ponerse a reflexionar. Marcos , un hombre encantador de setenta años, también silencioso como Antonio, pero de palabras agudas, se sentó al frente de Elena. Con un impoluto traje y sus mocasines lustrados, comunicaba la sabiduría de todos sus años. Un sombrero distinto para cada ocasión camuflaba su profunda calvicie. Por último, un perro negro completaba el cuadro. -Bueno, chicos, me tengo que ir rápido ¿Para qué estamos acá?-apresuró Betina señalando el reloj, ya habían pasado diez minutos entre murmullos y miradas de reconocimiento entre todos. -Betina, somos personajes, no tenemos nada mejor que hacer- deslizó con su característico tono irónico Elena- Sin embargo, estamos en audiencia ya que… .- Che, ¿Esto es porque alguna vez leyó “Seis personajes en busca de autor”?- dijo burlona Sofía. -Estamos lejos de eso- acotó tímidamente Alfredo. .- ¿Pueden no interrumpir con pavadas? Aprovechemos que está cenando. Por cierto,nene, trae la picada- dijo con dulzura Elena a Antonio- Estamos ciegos de hambre-continuó-Señores, parece que Eugenia está cambiando el guion de algunas cosas.
. -¡Jurame que va a contar ciencia ficción! Esta mañana la ví leyendo una noticia sobre que los japoneses estaban ideando un plan contra los extraterrestres- arremetió la joven desafiante -Shh, que te escucha- interrumpió la anciana con un gesto amargo.
Ruido seco contra el piso. Antonio se tropezó con su propia alpargata y fue un festín de salames, quesos y pancitos desparramados en el suelo.
- ¿Estás bien?Parece un raspón nomás- consoló Betiana al pequeño mientras lo ayudaba a levantarse. -Sí, no me duele mucho- gimió el benjamín del grupo.
Paralelamente, Batman había decidido actuar.
-Juera pichicho, salga de ahí. Juera- exclamó el Pipita Higuaín mientras aleteaba los brazos de adentro para afuera para asustar al can de pedigree dudoso.
Batman, así era su nombre, conservaba todavía algunos rasgos de un incierto linaje de perro salchicha aunque su hambre y voracidad eran bien genuinos. Se trataba de un perro bonachón, pero nunca se podía confiar plenamente en él. Sigilosamente, con movimientos lentos, pero estratégicos, solía analizar el momento exacto para atacar. Este fue uno.
Alfredo no pudo evitar reírse de la odisea de Batman: logró escabullirse con un salame como rehén entre los dientes y supo esquivar, con envidiosa soltura, una chancleta dirigida a su cuerpo. Una vez más, salió impune. Y, en una esquina de la difusa habitación, deglutió su trofeo. -¿Se acabaron los cuentos?¿ para eso estamos reunidos?- vociferó Alfredo ante la escena-Justo hoy tenía anotado en mi agenda que me tocaba contarle mi historia esta noche, mientras esperaba el sueño. .-¡Somos desempleados!- gritó con visible emoción Betiana ante la risa burlona de Sofía. -Está un poco preocupada por lo que pasa- se escuchó desde el fondo, era la voz de Marcos- Por ahí charlo con ella, en los momentos en que se saca esos benditos auriculares. Gracias a Dios, rompió los últimos y Musimundo no le envía los nuevos. Ha desarrollado un nuevo hobbie: escribir mails a Atención al Cliente. Me gusta más así, ya estaba en el camino de la sordera. -Pff, no me digas que es un auto-cuento. ¿Puede ser más obvia?- acotó Sofía mientras pintaba sus uñas de color gris.-Espero no ponga una foto suya en el posteo porque ahí sí desbarranca mal-. -Lo que quiero decir-retomó Marcos- es que no siempre se puede hacer gala de la dulzura y la amabilidad. La tensión y los relatos sin respuestas también son parte de la vida. -¿Soy yo o este tipo es muy parecido a ese exdirector que entrevistó, ese que le recordaba a su abuelo? – volvió a comentar por lo bajo Alfredo a Elena. -Sí, querido, pero cállate un ratito- respondió.
En ese mismo momento, las luces finalmente cedieron a la baja de energía y todo se apagó. Los personajes gritaron con todas sus fuerzas del miedo, pero nadie los escuchó. Las paredes temblaban, era lo más parecido a un sismo. Cuando el grado de ebullición de nerviosismo estaba en su máximo, se pudo distinguir la voz de Elena
-Nos colgamos chicos, se durmió y nadie fue a contarle un cuento. Bueno, voy a poner la pava para unos mates. Evidentemente está soñando que se cae y esto va para largo.




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