Pedro y Tomi
- eugeniadunkler
- 13 dic 2020
- 3 min de lectura
-
-Mirá esa estrella
-¿Cuál?
-Aquella, la primera que aparece.
-Sí, es hermosa, quisiera sacarle una foto. Voy por el celular.
-No, no, quédate acá un minuto. Mirá la estrella, solo mirala.
-¿Qué estamos haciendo?
-Te estoy regalando un mapa, tal vez una brújula. Cuando estés perdido, confundido, solo quédate un ratito, buscá ese momento y mirá la estrella.
-¿A vos las estrellas te hablan?, preguntó Tomi.
Su abuelo le sonrió. En sus ojos color verde mate, había toda una constelación para Tomi que, muchas veces, lo hipnotizaban. Tomi solo tenía ocho, más le gustaba sentir esa figura enorme de oso con traje y corbata que representaba su abuelo que una simple figura en el cielo.
-Claro que te hablan. El cielo tiene muchísimas historias que contarte si estás dispuesto a oír.
-¿Cómo cuáles?, replico el niño con los ojos enormes al descubrir las constelaciones como formas de diagramas, de palabras sustentadas en el aire. O bien, por qué no, en el espacio, en ese infinito que parece ilimitado, inabarcable.
-Te puede contar las historias de cada una de ellas, como la de Lucero. Te puede susurrar al oído el pronóstico si te acostumbras a oír los mensajes de la naturaleza- continuó Pedro-. Sin embargo, quiero que te sientes conmigo un ratito para que me cuentes vos tu historia.
-¿La mía?
-Claro, esa estrella y todas las demás te están escuchando. Y yo también. Pedro extendió su brazo enorme hacia Tomi, le dio un abrazo que lo llenó de seguridades. Si Tomi hubiese podido ponerle palabras a esa sensación, sería lo más parecido a “hogar”.
-Ya no sé si quiero ser astronauta, abuelo. Me da miedo la oscuridad. Y todo eso es muy, pero muy oscuro. Y otro tema son los extraterrestres…
Pedro no podía ocultar su ternura.
-¿Qué pasa con los extraterrestres, mi amor?, le preguntó el hombre octogenrio en ese sillón de mimbre que tenía tantos años que ni él recordaba ni cómo, ni dónde fue que lo compró. Solo era para Pedro, su lugar favorito en el mundo: un sillón para poder estar y mirar la inmensidad.
-Son raros, verdes, ojudos y malos. Mirá si me chupan el cerebro y…
Una risa colorida rompió el silencio de las luciérnagas en ese campo de Traslasierra. Tomi miro de reojo, un poco de enojo le brotaba por esa exclamación inesperada.
-¿ Y si no son malos?, dijo entre risas su abuelo mientras tomaba un té a las brasas.
-¿No viste todas esas películas y documentales, abuelo?, ¿acá llega Netflix?
Una risotada más fuerte despertó a Cucho, un mestizo que dormía a los pies de Pedro y su linaje oscilaba entre un ovejero alemán y Dios sabrá que más.
-Sí, veo películas. ¿Pero todas las películas dicen la verdad o son solo formas de contar historias?
-¿Formas de contar historias?, dijo dubitativo Tomi mientras contemplaba cada arruga de la cara de su abuelo. Para él, su abuelo representaba un héroe como es Woody para Andy, alguien sumamente genial que siempre estaba a su lado. Era como un abuelo-oso-amigo-gigante-fiel.
-¿Y si el extraterrestre sos vos o yo?
Ahí Tomi tuvo miedo. Sintió cómo se le erizaba la piel con la simple posibilidad de que el extraño, el desconocido, podía ser él.
-Pará abuelo, mi mamá me contó que descendemos de los italianos y que…
-Y de los Comechingones, mi amor- interrumpe Pedro.
-¿Yo puedo ser el diferente?, ¿por eso me invitaste a ver las estrellas?
-Vos sos diferente, así como yo. Pero te cuento un secreto: no le tengas miedo a lo diferente. Solo es eso. Acordate siempre de contar vos tu historia, aunque te dé miedo la oscuridad y no sepas dónde estás. Tenés este refugio. Contás con las estrellas para descansar, mirarlas y, en ese silencio, escuchar tu historia.
-Guau, es como tener un testigo para toda la vida.
-Así es. Y cuando te sientas muy distinto, pensá en la cantidad de personas que estas estrellas escuchan, acompañan, abrazan.
En ese mismo momento, la estrella titiló varias veces como si estuviera asintiendo cada palabra. Sus luces eran verdes, azules y amarillas y centellaban a gran velocidad. Ese espectáculo heló el corazón de Tomi. Duró solo unos pocos segundos que parecieron eternos. El objeto dibujó una coreografía de luces en el cielo, para luego difuminarse en el manto negro del cielo de campo. O así lo describe Tomás cada vez que recuerda el día que su abuelo le regaló una estrella y la posibilidad de contar historias.






Comentarios